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Galería de cuchillos improvisados. agosto 24, 2006

Posted by hukes in Arte, Herramientas.
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shivDesign Observer tiene una galería de shivs. Un shiv es una herramienta de género cuchillia, cuya característica principal es que fue hecha a partir de objetos no directamente relacionados con los cuchillos.

En la galería The Art of the Shiv se pueden ver cuchillos hechos con peines, reglas, pedazos de plexiglás, cucharas y otros objetos.

Cada foto tiene una lista de materiales y un pedacito de historia sobre el shiv en cuestión.

Los shivs en la galería fueron expuestos en By Design, por Chris Kasabach y Vanessa Sica.

Link: Design Observer

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Chindogu: inventos inútiles. agosto 3, 2006

Posted by hukes in Curiosidades, Gadgets, Herramientas.
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chindogu mirror

“Mira mamá, lo que inventé”

Esas palabras toda la madres ha de haber escuchado de la boca de sus hijos, mínimo una vez. Y no vale cuando la mamá dice “Ay, hijo, tu nomás inventando”, porque ella realmente no se está refiriendo a un invento per se, sino a que el hijo se la pasa sólo de ocioso y/o creando excusas -o sea y volviendo a lo mismo: nomás inventando. No, no esa clase de invenciones es la que nos ocupa el día de hoy.

Tampoco se trata de los inventos que han contribuido al desarrollo de la humanidad, como el telescópio, la radio, la bicicleta o la televisión (esta de dudosa calidad en cuanto a contenido). No, los inventos que veremos ahora son aquellos que realmente no sirven para nada o que, siendo prácticos, hacen la vida más complicada de lo que era cuando no existían todavía.

Los japoneses, con su afán de poner frases completas en una sola frase, les llaman chindogu. No es “de gratis” que el doctor Chunga se haya especializado en esta clase de invenciones. Pero, antes de ir a poner lápiz sobre papel y diseñar un nuevo chindogu, hay reglas que respetar. Y más que reglas, son principios que dictan lo que un chindogu o invento inútil debe seguir para que se precie de ser verdaderamente inútil y elegante (para darles ese aire haikuesco).

Los diez principios del chidogu son:

1. Un chindogu no debe tener uso real.
2. Un chindogu debe existir.
3. Inherente en cada chindogu debe existir el espíritu de anarquía.
4. Los chindogu son artículos para la vida diaria.
5. Los chindogu no se venden.
6. El humor no debe ser la única razón para la existencia de un chindogu.
7. Un chindogu no es propaganda.
8. Un chindogu nunca es tabú.
9. Los chindogu no se pueden patentar.
10. Los chindogu están libres de prejuicios.

Para más sobre los cada principio, visitar designboom.

Hasta hay una Sociedad Internacional de Chidogu. En su sitio de internet se puede ver una camiseta para rascar espaldas, un aplicador de mantequilla, y un área para cruce de peatones portátil, entre otros más inventos.

Ahora sólo tengo que encontrar aquel porta-crayola que hice en el kinder para unirme a la sociedad inventora de chindogu.

Zen y la afeitada perfecta. agosto 2, 2006

Posted by hukes in Herramientas.
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shaving brush

Estos días han estado fríos en Sao Paulo. Apenas empezó el frio el viernes pasado, y según cuentan por aquí, ya se estaba tardando. Para empeorar las cosas -o mejorar, para quienes gustamos del frio-, también cae la garoa. Garoa es una lluvia muy muy finita. Parece ser que acá en el hemisferio sur, el invierno también es época de lluvia, o por lo menos así es en Sao Paulo y en Santiago de Chile.

Hoy, al tomar el taxi de regreso al departamento, el chofer empezó a hablar del clima -para variar- y entre la plática me dijo “Y ahora tómese un baño caliente para descansar bien”. Normalmente me baño por las mañanas, pero sonó razonable la sugerencia del chofer. Pero más que el baño, lo placentero es la rasurada. Llegué y lo primero que hice fue meterme a la regadera (ducha). Mientras tanto, dejé remojando la brocha para rasurarme. Al terminar de bañarme llegó el momento Zen del día: concentrarme en la rasurada y sentir como la hoja pasa por la piel, sabiéndo que un movimiento en falso me va a provocar una cortada -este es mi deporte extremo preferido. Rasurarme siempre fue una lata para mí. Estoy en el punto más desgraciado del vello facial: ni tengo mucho como para lucir una buena barba, así con el look de Wolverine, ni tipo ZZ Top y ni siquiera el candado se me completa bien. Tampoco soy lampiño, tengo que rasurarme mínimo cada dos días, y en ese segundo día ya me veo sucio con la barba medio crecida. En dos palabras: estoy jodido. Ni me puedo dejar crecer la barba y tampoco puedo dejar de rasurarme.

Así como el mundo está atrapado por Microsoft, también lo estamos con Gillette o Schick. Estamos casados a sus sistemas (aunque soy de la idea de que si todos en el mundo saltamos al mismo tiempo, podemos deshacernos de Microsoft de un solo golpe). En una de esas veces que mis cartuchos de Match 3 se me habían terminado, fui a la farmacia a resurtirme. Como siempre, es un robo. Los cartuchos son carísimos. Estaba tomando el paquete de cartuchos, cuando ví un humilde rastrillo de hoja simple. “Y por qué no” me dije. Tomé el rastrillo y una cajita de hojas, todo el equipo mucho más barato que los cartuchos. Rasurarme por primera vez con este primitivo equipo no fue fácil. Al mirar el agujero de desagüe del lavabo me acordé de la escena del baño de Psycho. Así de fea estuvo esa rasurada. Pero, en mi afán de librarme del yugo de Gillette recurrí a mi fuente de información: internet. Ahí fue donde descubrí shaveblog.com, en donde el autor, Corey Greenberg, da una copiosa información sobre el arte y la búsqueda de la rasurada perfecta. Ahí fue donde aprendí que una brocha para rasurar no es accesorio superfluo y comprobé la diferencia de usar una de buena calidad contra lo nefasto que es usar la mano o una brocha mala (afortunadamente en Brasil encontré una de las buenas). También me enseñó a preparar el jabón en caso de no usar espuma (las espumas en lata no son tan buenas). Después de una curva de aprendizaje con más cortadas que una cirugía de lifting, comprobé que no hay mejor rastrillo que el de una sola hoja desechable (de esas de dos filos). Luego de unas semanas de afeitadas, desapareció la irritación que me daban siempre las cabezas de dos o tres filos de los cartuchos habían desaparecido, además de que nunca, nunca, nunca me había rasurado tan al raz.

Mi lubricante preferido para afeitarme: jabón de glicerina previamente tratado con el horno de microondas para que se derrita y quede bien fijo en una taza.

Y el placer no sólo es durante el acto de rasurar, sintiendo la hoja cortar limpiamente esos pelos necios que insisten en salir todos los días y la espuma caliente sobre el rostro, sino que se prolonga durante el día. Descubrí la fazturbación: pasar la mano por la cara sintiendo que no se tiene un solo pelo que manche la sensación de una rasurada perfecta.

Afeitarse es el reencuentro con uno mismo y la comunión entre mente y rastrillo.

Tumi T-Tech Flow Slim Messenger julio 28, 2006

Posted by hukes in Herramientas.
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Tumi T-Tech Flow Street Smart

Cuando uno menos se lo espera, resulta que descubre un vicio que ya estaba gestándose de años atrás y que uno se da cuenta de él hasta que ya está muy desarrollado.

Mi recién descubierto vicio, rayando en la obsesión, son las bolsas de mensajero. Siempre estoy cargando cuaderno, libros y revistas, y cuando es de trabajo son la agenda y folders con documentos. Y con eso van la cajetilla de cigarros, plumas, lápices, calculadora, iPod, cámara fotográfica, chicles y demás cosas que en el momento esté consumiendo.

Ayer tomé un vuelo rápido a Curitiba. Estando en el área de espera, ví una tienda de maletas y mochilas. Está demás decir que pasé “sólo a ver”. Fue ahí cuando ví la Tumi T-Tech Flow Slim Messenger -claro que en ese momento no sabía de ese nombre tan largo. El dependiente me la mostró y en vista de que recién había comprado un par de libros que ya no cabían en mi bolsa en turno, me decidí a comprarla. Déjenme decirles que no fue barata la Tumi, y la que me gustó más, en color rojo, estaba casi 100 reales más cara ¡sólo por ser roja! (?!). Me conformé con la color café.

Tumi tiene un programa de recuperación de bolsas perdidas. La bolsa tiene una placa con un número de veinte dígitos, el cual se regsitra en el site (www.tumi.com). Si alguna vez se pierde (ojalá nunca suceda) y si quien la encuentra tiene el buen corazón de reportarla perdida, se envía a la central de Tumi en donde será reenviada al dueño original (en este caso: yo).

Ya veré que tal resulta. Estoy siempre en la búsqueda de la bolsa perfecta, que logre contener todo lo que normalmente traigo, de manera cómoda y con fácil acceso a las cosas. A ver si esta es mi Santo Grial de las bolsas de mensajero para mis necesidades.